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Chicago

Chicago es inicio y corazón de la archiconocida Ruta 66, conocida por infinidad de estadounidenses como “the main street of America”. En su seno acoge edificios enormes con los que casi tocar el cielo y parques donde perderse paseando durante horas, amén de barrios donde uno puede adentrarse en lo más profundo de Asia o comer pasta como si estuviera en la mismísima Nápoles. Sin duda, una ciudad cuyo encanto reside en la gran variedad de paisajes que conviven en ella.

Desde el suelo hasta el cielo

Sin duda, cuando llegamos a Chicago resulta de obligado cumplimiento la visita a la Magnificent Mile, la parte situada más al norte de la Michigan Avenue, la principal vía de la ciudad. Sorprende que, a pesar de su popularidad, su establecimiento es reciente históricamente hablando ya que su construcción comenzó en 1920. En ese momento, se pretendía crear un área comercial y residencial de lujo con el fin de extender ese estilo al resto de la ciudad. Así, este terreno se convirtió en el principal núcleo económico de la ciudad y dio cobijo a los barrios más acaudalados de la urbe, Gold Coast y Old City, ambos encuadrados en el distrito de Near North Side.

Como ya podéis suponer, en esta arteria principal de la ciudad predominan los rascacielos que ponen el techo imaginario de Chicago. El más destacado es la Willis Tower, construida en 1974 y que se mantuvo hasta 1998 como el edificio más alto del mundo, año en el que las Torres Petronas, situadas en Kuala Lumpur le arrebataron ese honor. A día de hoy, su mayor atractivo es la visita al Skydeck, su espectacular mirador situado a más de 400 metros de altura que ofrece unas espectaculares vistas de toda la ciudad.

La otra gran torre de la ciudad es la Trump Tower. Nombrada así en honor del actual presidente del país, es el segundo edificio más alto de Chicago, aunque la idea era convertirlo en el techo de la ciudad. Las medidas de seguridad adoptadas tras los atentados del 11 de septiembre lo impidieron. Actualmente, es un recinto residencial y de ocio que alberga un hotel, restaurantes y spa todos ellos de entre cuatro y cinco estrellas.

Al parque no se va solo a pasear

Ya lo mencionamos en la introducción: Chicago son rascacielos y grandes zonas verdes, y así lo vamos a mostrar en este apartado. Si queremos tomar un relajado paseo, lo ideal es ir en busca del Lincoln Park Cultural Center y del Grant Park, dos de los más importantes pulmones del país. En ellos no solo podemos disfrutar de una vasta vegetación, sino también de esculturas y construcciones que salpican su extensión, además de las atracciones especiales de cada uno: el Lincoln Park Observatory y la Buckingham Fountain -espectacular su chorro de agua de 45 metros-.

Sin embargo, el gran parque de Chicago es el Millenium Park. Su construcción comenzó en 1998 y no fue hasta 2004 cuando se abrió al público, siendo uno de los proyectos de mayor envergadura de la ciudad en aquel momento. La espera mereció la pena ya que más que un parque, merece ser considerado una obra de arte. En su interior podemos encontrar el jardín Lurien, una representación de la evolución de la ciudad a través de la vegetación propia de Illinois diseñada por Kathryn Gustafson, Robert Israel y Piet Oudolf; la fuente Crown, realizada en granito negro por Jaume Plensa y donde pueden verse las caras de algunos ciudadanos de Chicago gracias a los diodos emisores de luz que posee en su interior; y la gran obra del lugar, el pabellón Jay Pritzker, diseñado por Frank Gehry y en el que se realiza el festival de música clásica de la ciudad, totalmente gratis y al aire libre.

Entretenimiento junto al lago

Llevamos todo el día en la ciudad y si lo pensamos, Chicago nos ofrece un lugar inmejorable donde perdernos y pasar la tarde junto al lago Michigan: el Navy Pier. Construido en 1916, el muelle de la ciudad se erigió como uno de los más grandes del mundo, hecho que llevó a que años después, en 1933 el ayuntamiento de la ciudad en aquel momento decidiera convertirlo en un espacio de ocio de cara a la Exposición Universal que se celebraría en Chicago ese mismo año. Así se ha mantenido desde entonces, salvo un pequeño lapso de tiempo durante la II Guerra Mundial en el que sirvió como campo de entrenamiento para la marina estadounidense.

No cabe duda que en Navy Pier podemos encontrar todo lo que buscamos para una completa tarde de ocio, desde atracciones donde subir y pasar un rato divertido hasta tiendas donde comprar recuerdos de la ciudad. Si sois más de estar en contacto con el agua, podéis subir a una de los numerosos paseos en barca que se ofrecen en el lugar y que os llevarán por todos los rincones de de uno de los lagos más importantes de EEUU.

Aún así, también hay un importante espacio para la cultura especialmente para los más pequeños. Esto lo encontramos en el Chicago Children's Museum, el más importante de este estilo de todo el país. Gracias a su enorme oferta interactiva, padres e hijos pueden adentrarse un poco más en la historia del puerto y por ende, de su ciudad.

¿Chicago, Pekín o Nápoles?

El otro gran punto fuerte de la ciudad es la diversidad cultural, destacando por encima de las demás las comunidades china e italiana que conviven en la zona. El encanto de estos barrios no es tanto monumental como ambiental, ya que en cada calle, en cada rincón, en cada olor que percibáis puede reconocerse la cultura de las gentes que los habitan.

Los primeros chinos que llegaron al país y por tanto, comenzaron a establecer a esta comunidad en el lugar lo hicieron allá por finales de 1800. Estos no solo llegaban desde Asia, sino también de otras zonas del país alentados por la sociedad que allí se estaba gestando en la zona del Loop. Años más tarde, Chinatown se mudó a Armour Square, donde se asentó y habita desde entonces. Sus calles están repletas de comercios típicos e incluso se llevan a la práctica técnicas médicas milenarias, como la acupuntura.

El otro gran asentamiento inmigrante es sin duda, Little Italy. Seguro que solo con leer su nombre, os vienen a la mente escenas míticas del cine. Y es que sus calles están impregnadas de un enorme sabor al país de la bota desde que los primeros italianos comenzaron a llegar allá por las postrimerías del siglo XIX. Estos se hicieron notar en la zona de Taylor Street, donde la población aumentó exponencialmente durante todo el siglo XX hasta alcanzar su cénit en 1960. A mediados de esa década, la Universidad de Illinois estableció una de sus sedes cerca de Litlle Italy y los allí afincados decidieron que era el momento de marchar. Aún así, hoy en día podemos pasear por sus calles y observar que la esencia italiana que impregnaba el lugar sigue muy presente. De hecho, es el mejor sitio de la ciudad para hacer un receso y comer un buen plato de pasta.

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